Aarti al río Ganges en Varanasi por libre (2026)

El río más sagrado de la India es el Ganges. Los hindúes creen que fluye desde el cielo a la tierra para la purificación de quienes toquen sus aguas. Nace en el Himalaya y cruza el subcontinente en dirección noreste; según las leyendas, en él habita la diosa Ganga, la madre líquida que todo lo lava. Y en Varanasi, la ciudad más viva y caótica del planeta, realizan cada tarde una ofrenda monumental que se conoce como el Aarti al Río Ganges.

Presenciar el Aarti al Río Ganges en Varanasi no es simplemente tachar una atracción turística en una lista: es sumergirse en una dimensión donde el tiempo se detiene, el aire huele a sándalo quemado y la fe de millones de personas te golpea de frente.

Si además te toca vivirlo, como fue mi caso, en plena noche de Año Nuevo en el mismísimo Ghat Dasashwamedh, la experiencia se convierte en una auténtica locura demencial imposible de borrar de la retina.


Cómo ir a ver el Aarti en Varanasi por libre (sin pagar excursiones)

Las agencias de viajes se empeñan en venderte traslados privados, "asistencia en destino" y tours guiados para ir al Aarti por decenas de dólares. La realidad es mucho más simple: pillas un taxi o un tuk-tuk hasta las inmediaciones de Godowlia Crossing (que es hasta donde llegan los vehículos por el caos del tráfico) y desde ahí te tocará caminar unos pocos cientos de metros por el laberinto de callejones (galis) esquivando vacas, motos y tenderetes hasta chocar frontalmente con el río.

Una vez que pises la orilla del Ghat Dasashwamedh, no necesitas haber contratado nada con meses de antelación. Tienes dos formas de montártelo por tu cuenta sobre la marcha:

  • Quedarte en el ghat (como hice yo): Te buscas un hueco en las escalinatas de piedra, te mezclas con la marea humana de peregrinos locales y vives el choque sónico y visual con la intensidad máxima, rozando el fuego y los cánticos de cerca.
  • Pillar una barca allí mismo: Si prefieres verlo desde el agua con algo más de perspectiva, te acercas a cualquier barquero en la orilla, negocias el precio de la barca cara a cara (olvídate de webs occidentales con sobreprecios) y te montas en una embarcación de remo para ver el ritual flotando frente a los escenarios iluminados.

Asunto resuelto: cero intermediarios, cero comisiones absurdas a agencias y total libertad para decidir cómo quieres sufrir (o disfrutar) la locura de Varanasi.

Aarti en el Ghat Dasashwamedh

¿Qué es exactamente un Aarti y cuál es su origen?

Para entender la magnitud del evento, hay que bajar a tierra los conceptos. El Aarti es un ritual hindú de devoción y luz. Durante su celebración se ofrece fuego a uno o más dioses. Su origen se remonta a la antigua religión védica, donde los elementos de la naturaleza eran adorados como manifestaciones divinas directas. En la ceremonia del Ganges, el fuego y el agua —representada por el propio río— se convierten en los absolutos protagonistas.

Durante el Aarti en Varanasi se ofrecen flores y luz al río bajo la forma de grandes "lámparas" de fuego, acompañadas por el sonido estridente y rítmico de las campanas, los golpes secos de los tambores, el tañido del gong ceremonial, instrumentos musicales autóctonos y el canto coral de alabanzas y mantras sagrados en sánscrito dedicados a la diosa Ganga.

La presencia de los cinco elementos de la naturaleza (Pancha Tattva)

Una de las claves espirituales más profundas del ritual es que durante su ejecución están presentes de forma simbólica y física los cinco elementos elementales del universo (*Pancha Tattva*):

  • El espacio (Akash): Representado por el vasto cielo abierto sobre el río y el eco ilimitado de los cánticos.
  • El viento (Vayu): Capturado por el movimiento del aire que aviva las llamas, el humo del incienso y el sonido de las caracolas.
  • La luz/fuego (Tej): Encarnado en las enormes lámparas de bronce y las pequeñas mechas de mantequilla clarificada (*ghee*).
  • El agua (Jal): El propio caudal sagrado del río Ganges, receptor de todas las ofrendas.
  • La tierra (Pruthvi): Presente en las flores, las bases de arcilla de las lámparas y la piedra milenaria de los escalones de los ghats.

El propósito último de ofrecer la luz a las deidades es la gratitud absoluta. Cuentan los locales en Varanasi que si el río —la diosa Ganga— refleja con claridad la luz ofrecida, entonces ha aceptado la gratitud de los devotos congregados en la orilla.

El escenario: el Ghat Dasashwamedh al anochecer

Todas las tardes, justo después de que el sol se ponga y tiña el cielo de un tono cobrizo polvoriento, los ghats principales como el Dasashwamedh y el Man Mandir se transforman en teatros sagrados. Un grupo de jóvenes sacerdotes (*Pandits*), vestidos con impecables túnicas de colores azafrán o blanco, toman posiciones sobre plataformas de madera elevadas frente a las aguas.

Cada sacerdote ejecuta una coreografía milimétrica, idéntica entre sí, moviendo los pesados candelabros de latón en círculos perfectos hacia los cuatro puntos cardinales, rindiendo tributo a los dioses y pidiendo protección y prosperidad para el mundo.

Sacerdote durante el Aarti al Río Ganges en Varanasi

Mi experiencia personal: el Aarti de Año Nuevo en el Ghat Dasashwamedh

Me propuse presenciar el Aarti de Año Nuevo en el mismísimo Ghat Dasashwamedh. Tienes dos formas principales de verlo: o bien desde el propio ghat a pie de calle, o bien embarcado desde una barquita de madera flotando en el río. Como lo que yo quería era ver y sentir la devoción de cerca, sin filtros de cristal ni distancias artificiales, escogí el ghat.

Me ubiqué en plena escalinata, atrapada entre una verdadera multitud compacta. Hombres y mujeres de toda edad y condición social —a juzgar por la vestimenta, desde peregrinos humildes de aldeas remotas hasta familias pudientes de grandes urbes— formaban un mar humano impenetrable.

También había unos cuantos foráneos procedentes de occidente, aunque lo nuestro (entre los que me incluyo) era más un ejercicio de contemplación, asombro y fotografía que de vivencia religiosa interna. Sin embargo, la energía del lugar es tan densa que es imposible mantenerse como un simple espectador neutral.

La devoción que se respira es inmensa y el ambiente es absolutamente único, de esos que desafían cualquier intento de descripción con palabras:

  • El choque sonoro: Los sonidos de los instrumentos y las caracolas al principio parecen ruidos mecánicos y caóticos sin sentido, pero a medida que uno se sumerge en la ceremonia, se transforman en una melodía hipnótica y envolvente.
  • El despertar olfativo: Los aromas a sándalo quemado, incienso pesado y flores de cempasúchil flotando en el ambiente son completamente envolventes.
  • La dinámica sensorial: La atmósfera es densa y la sucesión constante de ofrendas —flores lanzadas al aire, columnas de humo, estallidos metálicos— te mantiene enganchada durante cada minuto, porque cada ofrenda trae consigo un cambio de sonido y de elemento físico.

Conexiones divinas: el Aarti y su relación con el panteón hindú

Para entender de verdad lo que se respira en las escalinatas de Varanasi durante el Aarti, es fundamental comprender el trasfondo mitológico del hinduismo. El río Ganges no es solo agua; es una diosa viva, la hija del rey de los montes Himavan, que descendió a la tierra enredada en los cabellos del dios Shiva para mitigar la sequía y limpiar el karma de la humanidad.

Este ritual de fuego y luz conecta directamente con las deidades principales del panteón hindú (como Brahma el creador, Vishnu el conservador y Shiva el destructor y señor de Varanasi). En la cosmología hindú, el fuego (*Agni*) es el mensajero divino que transporta las plegarias de los hombres directamente hacia los cielos. Por eso, cuando los sacerdotes elevan los candelabros de bronce frente al río oscuro, están ejecutando un puente milenario entre el mundo terrenal y la morada de los dioses.

(Si quieres profundizar en cómo se estructuran estas divinidades y entender la compleja jerarquía celestial que hay detrás de cada ofrenda, puedes echar un vistazo a mi artículo dedicado al Panteón de los dioses hindúes, donde desgrano quién es quién en este fascinante universo mitológico).

Más allá del río: Sarnath y los alrededores de Varanasi

El Aarti al Río Ganges al atardecer es la excusa perfecta, el clímax emocional imprescindible para visitar una ciudad tan extrema y caótica como Varanasi. Pero cometerías un error garrafal si te limitas a ver las cremaciones en Manikarnika y el fuego del Aarti en Dasashwamedh.

A pocos kilómetros de la locura urbana de Varanasi se encuentra Sarnath, un remanso de paz absoluto donde Buda dio su primer sermón tras alcanzar la iluminación. Visitar las estupas milenarias y los monasterios budistas internacionales de Sarnath ofrece el contrapeso perfecto al bullicio hindú de la orilla del Ganges, entonces decidí marcharme lo antes posible a Nepal !.

La India me pareció una auténtica pesadilla de la que no vería el momento de escapar, un caos asfixiante al que no volveré jamás (de hecho, la prueba de fuego fue que allí mismo cambié todo el rumbo del viaje y marche a Nepal), una chica sola viajando por libre se enfrenta a tíos cachondos, machismo desmedido y el colmo fue en Varanasi, donde en una tienda atendieron a un tío que llego después solo porque era varón!  En ese momento dije hasta nunca!. 

Sin embargo a pesar de que los indios (al norte son una pesadilla continua)  el Aarti al Río Ganges al anochecer es otra historia. Esa explosión de fuego, fe y devoción en plena noche de Año Nuevo brilla con tanta fuerza que es lo único que se salva de la quema y compensa, por sí solo, cualquier suplicio indio.