12 de Octubre por Eduardo Galeano

En opinión de Eduardo Galeano, el famoso mundialmente escritor uruguayo, la historia oficial de la colonización y el capitalismo en América suele contarse siempre desde la misma trinchera ideológica. Aunque su visión y su conocida prosa distan mucho de nuestra concepción de la libertad y del orden espontáneo de las cosas, es innegable que ciertos fragmentos de su obra retratan con crudeza el impacto del choque cultural del 12 de octubre de 1492. Así ve el célebre autor el relato tradicional del "descubrimiento"

Fragmento de Memorias del Fuego, Eduardo Galeano.

Colón... Cae de rodillas, llora, besa el suelo. Avanza, tambaleándose porque lleva más de un mes durmiendo poco o nada, y a golpes de espada derriba unos ramajes.

Después, alza el estandarte. Hincado, ojos al cielo, pronuncia tres veces los nombres de Isabel y Fernando. A su lado, el escribano Rodrigo de Escobedo, hombre de letra lenta, levanta el acta.

Todo pertenece, desde hoy, a esos reyes lejanos: el mar de corales, las arenas, las rocas verdísimas de musgo, los bosques, los papagayos y estos hombres de piel de laurel que no conocen todavía la ropa, la culpa ni el dinero y que contemplan, aturdidos, la escena.

Luis de Torres traduce al hebreo las preguntas de Cristóbal Colón: —¿Conocéis vosotros el Reino del Gran Kahn? ¿De dónde viene el oro que lleváis colgado de las narices y las orejas?

Los hombres desnudos lo miran, boquiabiertos, y el intérprete prueba suerte con el idioma caldeo, que algo conoce: —¿Oro? ¿Templos? ¿Palacios? ¿Rey de reyes? ¿Oro?

Y luego intenta la lengua arábiga, lo poco que sabe: —¿Japón? ¿China? ¿Oro?

El intérprete se disculpa ante Colón en la lengua de Castilla.

Colón maldice en genovés, y arroja al suelo sus cartas credenciales, escritas en latín y dirigidas al Gran Kahn.

Los hombres desnudos asisten a la cólera del forastero de pelo rojo y piel cruda, que viste capa de terciopelo y ropas de mucho lucimiento. Pronto se correrá la voz por las islas:—¡Vengan a ver a los hombres que llegaron del cielo! ¡Tráiganles de comer y de beber
!





Ser como ellos y otros artículos, Eduardo Galeano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe.

En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor.
Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó.
Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado.

Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.

Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible.
América, ciega de racismo, no las ve.


Más allá de la lectura romántica y marcadamente ideológica con la que Galeano analizó durante décadas la economía continental llegando a confesar con los años que su propia obra más célebre, Las venas abiertas de América Latina, le resultaba insostenible y pesada de releer por la falta de rigor técnico que tenía cuando la escribió,la verdadera esencia de América no se esconde en el victimismo político.

La auténtica fibra de estas tierras late en su espiritualidad milenaria y en la profunda conexión con la naturaleza que sobrevive intacta, por ejemplo, en las ofrendas a la Pachamama, muy lejos de los dogmas y de los relatos oficiales de unos y otros.

Los invito a pisar el continente americano como lo hice yo misma. Tengo cientos de viajes por toda Latinoamérica, residencia en Uruguay, viajes de negocios de años de duración en Brasil, Argentina y Panamá, y os aseguro que la gente de la calle en su gran mayoría no comulga con ni uno solo de estos párrafos. Pero aquí, en Memorias del Mundo, le doy voz a todos, y me pareció interesante mostrar una óptica radicalmente opuesta a la mía porque de eso se trata la tolerancia y la libertad.